Periodista
del Diario La Razón de España
Enero
30 2019

![]() |
Periodista Alfonzo Ussía |
El conflicto de Venezuela,
como Su Santidad lo define, ha originado que más de tres millones de ciudadanos
venezolanos vivan en el exilio. Son muchos millones, Santidad. Tres millones de
granos de trigo apenas son nada. Tres millones de seres humanos escapados de su
tierra para alcanzar el derecho a la supervivencia, son muchos millones. En
Venezuela, nación riquísima, se mueren de hambre, mientras Maduro y compañía
tejen con el beneplácito del comunismo internacional –del que no es del todo
ajeno el Vaticano–, inconmensurables fortunas, aún mayores que la de Georges
Soros, el baluarte y financiador de la corrupción sociopolítica del llamado
mundo libre. Nuestro presidente sin votos ni escaños, Santidad, a la primera
persona que recibió cuando ocupó La Moncloa, fue a Georges Soros, el financiero
de Podemos y de la persecución a los cristianos en todo el mundo. Su Santidad,
y lo que escribo es un juicio de valor sin pretender rozar la falta de respeto,
es un Papa extraño, más argentino que extraño y menos emocionante que
argentino. Decir que lo de Venezuela es un simple conflicto equivale a elevar a
Juan Domingo Perón a la dignidad de un santo de la Iglesia.
Pero
hay un problema mayor aún que el hambre en Venezuela, Santidad. La muerte que
espera en cada esquina por las bocas de fuego de los fusiles bolivarianos. La
estancia de miles de criminales del castrismo cubano en territorio venezolano.
La tortura en sus prisiones. Y ello no merece la llana y simple definición de
conflicto. Se trata de una tragedia. Sus obispos en Venezuela, Santidad, que sí
están con el pueblo y no con los tiranos, se sienten desamparados de los brazos
y las palabras de Vuestra Santidad. Me atrevo a creer que el gran conflicto se
lo han creado a Su Santidad sus informadores, su círculo íntimo y curial mal
elegido, porque no considero posible tan caprichoso proceder de quien todos los
que pertenecemos a la Santa Madre Iglesia veneramos como nuestro Santo Padre.
El
vaticano, además de la Santa Sede, es un Estado. Y como tal, no puede mantener
la equidistancia con los que matan y con los que mueren, con los asesinos y con
los asesinados, con los que roban y con los que son robados. La autoridad de Su
Santidad es la más respetada del
mundo.
Una palabra del Papa lo es todo. Y esa palabra ha errado su significado.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario